miércoles, 30 de septiembre de 2009

Erasmus + 20 = Cambio de vida

Siempre me he preguntado por qué en todas las películas vistas y por ver y en todos los libros leídos y por leer. Un simple hecho, una mera coincidencia, supone un fuerte punto de inflexión en la vida de los protagonistas de aquellas historias (apasionantes o no). A la espera de ese punto o giro me he mantenido 20 años. Ahora ya se lo que sienten tantos personajes de tantas historias. O quizás no. Pero yo, protagonistas de mi historia, ya se lo que supone un brusco cambio en mi tan organizada vida.
Un libro de Pérez Reverte, un agresivo cambio de look y mi vida en Bélgica se han agolpado para felicitarme mi vigésimo cumpleaños y otorgarme, a modo de presente una nueva vida cargada de emociones, aventuras y cosas, muchas cosas que narrar, de las que nuevamente quiero que sigáis siendo partícipes.
Arturo y su carta esférica me hablan de Coy. Un hombre de mar que multado por una negligencia en una maniobra, ha de abandonar su vida marítima y pisar tierra firme durante una temporada. Esto me inspira de sobremanera, no porque extrañe el gran azul (que también), si no por las interesantes y bien contadas historias que le ocurren.
El corte de pelo… no sé como describirlo. Harto ya del pelo largo que me acompañaba hacia unos meses, privándome con frecuencia de una óptima visión; me acerqué a una peluquería para observar desde el cristal que el corte de pelo, con carné de estudiante, quedaba reducido a la cifra de 18 impagables euros. Por ello en una especie de bazar de pequeño electrodoméstico de marcas blancas, compré una maquinilla por 7 €. El resto de la historia ya la supondréis: Dos largas horas esquilándome como el fugitivo.
Llegamos al último y gran punto: mi vida Belga. Hasta ayer podía decir que aún no conocía bien el sentimiento Erasmus. Pues bien, eso cambio por completo a la par que cumplía los 20: Como nuestras amigas de la facultad parecen viejas en lugar de Erasmus (siempre con cariño), Jesús y yo llamamos a unos chicos españoles que habíamos conocido el día anterior para sumarnos a su fiesta y nos citaron en “La Grand Ducale”. Para quien haya estado en Salamanca es una especie de Imprenta, pero mucho más guarra. Y os preguntaréis ¿Es eso posible? La respuesta es sí, rotundamente sí. Aquello era otro mundo, los Erasmus una piña, conocimos gente de distintos sitios con los que a los 5 minutos eras colega. Bailabas y brindabas. Eso hasta que llegó el punto máximo de motivación: Manolo Escobar cantando el “Que viva España”. Una pasada.
Como era mi vigésimo aniversario me tocó invitar. La verdad que no me tuve que rascar mucho el bolsillo. Con 7€ me pusieron 10 cañas más una de regalo. Aquí la gente es así. Te tiran la cerveza, le das un abrazo y sigues. Nada de ¿Me has mirado mal? Después de brindar y lanzar el vaso (cuando queda un dedo de cerveza), a seguir bailando y conociendo gente. Genial.
Al terminar Jesús y yo nos retiramos para casa muy motivados y sabiendo que nuestra vida acababa de cambiar. Para los que seguís conmigo, bienvenidos a mi nueva vida.


Por cierto ya tenéis disponible el video en la entrada anterior.

5 comentarios:

  1. Quiero rápido una foto con el pelo corto.
    Enhorabuena por empezar tu vida Erasmus.
    Sigue leyendo, y también en Francés.
    Un abrazo fuerte.
    tu madre

    ResponderEliminar
  2. De mayor quiero ser como tu!

    ResponderEliminar
  3. Juantru

    veo que todos nos estamos apuntando poco
    a poco al blog :)

    espero que todo genial por allí

    muá :)


    te sigo :)

    ResponderEliminar
  4. Vaquita espero que a tu madre le haya gustado tu nuevo look, a mi ya sabes que me encanta!
    un besiño grande

    ResponderEliminar

Agradezco vuestros comentarios...