miércoles, 5 de agosto de 2009

Enorme Cañón


mientras atravieso la ruta 66 en el autobús que esta mañana bien temprano nos recogió para llevarnos hacia el Gran Cañón del Colorado. Un camino largo que mereció la pena. Por la mañana paramos en la presa Hoover, increíble. Os gustaría mucho, mis fieles camineros.
Dos películas más tarde el autobús apagaba su motor en la reserva natural, considerada una de las siete maravillas del mundo: El Gran Cañón del Colorado. Te asomas una vez y alucinas, a la segunda…vuelves a alucinar y ya a la tercera puedes quedarte observando su inmensidad y sintiéndote o bien un indio o bien un vaquero, dependiendo de tus aspiraciones.
Después de comer el Pic Nic que la empresa nos ofreció y tras hacer media hora de cola, cogimos una de las lanzaderas que llevan a los diferentes miradores que hay a lo largo del parque. Visitamos cuatro de ellos, ya que los desplazamientos oscilan entre 0,5 y 1 KM y hacerlos andando es una matada. En cada uno de los miradores se nos abría un poco más la boca. Tuvimos tiempo para sentarnos con las piernas colgando al vacío.
Cuatro horas más tarde y con media insolación cogimos el bus de vuelta a la ciudad del vicio. ¡Voy a ver si me caso!

Los leves cerros tratan de tapar el sol que ya agoniza,

1 comentario:

  1. tu padre espera ansioso que le cuentes mas sobre "el gran cañon del colorado". que suerte¡

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